Parroquia

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domingo, 13 de octubre de 2013

Testimonio de Silvia Díaz sobre M'hamed Ejjerf "Moha"

Este es el testimonio que la feligresa de esta parroquia, Silvia Díaz ha dado esta mañana en la misa de las 12:30 sobre su vivencia de la deportación de M'hamed Ejjerf. Es verdaderamente interesante.


Te damos las gracias, Silvia

Buenos días, mi nombre es Silvia.

Vosotros podéis verme, veis que soy rubia, blanca, el color de mis ojos y la forma en que visto. Eso es lo que podría distinguirme de otras personas. A mi modo de ver no; no me importan los colores o el físico.

Desde pequeña me han enseñado que todos somos iguales; que todos tenemos los mismos deberes y por supuesto los mismos derechos. Y me lo han enseñado tanto desde una perspectiva humana como religiosa.
¿ No somos todos personas? ¿ No hemos sido todos creados igual?Pues en eso creo yo, en la igualdad, en el corazón de las personas, en que la diferencia está en el interior de cada uno.

A simple vista es cierto que todos somos diferentes: en el físico, en la raza, en la religión, en la cultura…
Pero es justo eso lo que nos hace únicos y especiales.
Incluso a nosotros, los cristianos, nos da vergüenza decir que lo somos en estos tiempos que corren, y ¿por qué? Por miedo a ese rechazo social.
Bien, y ¿si no fuera algo que pudiéramos esconder? ¿ Cómo lo viviríamos? ¿ Seríamos capaces de soportar ese rechazo?
Tenemos que ser conscientes de quiénes somos para saber actuar conforme a ello.

Yo no creo que sea mejor que nadie, para nada! Pero sé que, como persona, mi deber es tratar con igualdad y respeto a los demás. A veces puede ser difícil, por supuesto, pero es justo entonces cuando tenemos que echar mano de nuestra humanidad y nuestro amor.

Desde la Biblia también se nos enseña que Jesús se rodeaba de los más pobres, marginales e incluso extranjeros; pero a él no le importaba lo que pudieran decir, sabía que debía estar ahí porque era donde le necesitaban.

Yo hace tiempo también me planteé mi lugar aquí; qué ra lo que estaba haciendo y lo que podía hacer por los demás.

Lo de dar grandes sumas de dinero digamos que no está dentro de mis posibilidades… Así que decidí que lo que tenía era tiempos, palabras de apoyo y una sonrisa para todo aquel que la necesitara. Y buscando me di con el París 365: ayudan a las personas en posible situación de exclusión, les dan comida, apoyo psicológico, formación… Y allí me metí como voluntaria!
En realidad, tampoco creo que haga nada fuera de lo normal: sirvo cenas, pregunto a las personas qué tal les va e intento que se olviden, al menos ese rato, de lo que tienen a las espaldas.

Allí conocí a un chico al que ahora, 3 años después, puedo llamar amigo. Se llama Moha. Él era usuario del París 365. Llegó a España con sueños y esperanzas hace 7 años en la quilla de un barco. Hace 3 años se topó, también, con el París 365 y por suerte o desgracia para él conmigo también! Ha tenido que vivir situaciones duras como dormir en la calle o encontrarse completamente solo aquí.
Me resultaba muy duro ver a una persona de mi edad en su situación, cuando para mí el apoyo de mi familia es 100% necesario.
Así que empezamos a compartir cafés y vivencias. En muchas ocasiones era yo quien le daba “un hombro en el que llorar” o una visión distinta de un problema. Pero él también me ayudaba a mí: sabía cómo tratar a las personas con cariño y cuándo necesitaba sólo ser escuchada.
Él es marroquí y musulmán; yo soy española y cristiana; pero cuando confías en alguien y ves que es una gran persona ¿ qué importa todo eso?

Pasó a ser voluntario del París 365 en vez de usuario, a ayudar a los recién llegados con el idioma y a todos en lo que podía. Tanto, que se atrevió a darnos clases de árabe a otros voluntarios, y eso, os lo aseguro, sí es un trabajo duro.

Yo, la verdad, es que ni me planteaba que no tuviera papeles, que fuera una de esas personas “ilegales”, porque es mi amigo.

Pero hace dos jueves, en un control rutinario le pidieron la documentación y al no tener se lo llevaron a un Centro de Internamiento de Extranjeros en Madrid. Con una orden de expulsión previa y sin papeles, todo apuntaba a que en breve sería deportado a su país. Yo no podía creérmelo. Mi amigo, Moha, en esa situación y yo sin poder hacer absolutamente nada…

Y comenzaron dos semanas que han sido realmente duras; ya no sólo para él, si no para todos los que aquí le queremos. Comenzaron las movilizaciones y las firmas.
Yo recibí todo el cariño de mi familia y amigos, sus abrazos y palabras de apoyo para un amigo que era completamente distinto a mí.

Pero no me valía con eso. Y entonces descubrí que lo que realmente me daba fuerzas para seguir animando a Moha era la oración. El ponerme a mí tal cual delante de Dios. Y era entonces, para mi sorpresa, cuando sentía ese abrazo que necesitaba y que nadie sabía darme.
Curiosamente, cuando hablaba con él, con Moha, me decía lo mismo, que se resguardaba en la oración cuando la cabeza le dejaba.

Creo que a día de hoy muchos conoceréis a mi amigo M´hmed Ejjerf por el periódico. El viernes fue expulsado de nuestro país y mandado de regreso a Marruecos.
Ayer hablaba con él y me daba las gracias por el apoyo y el cariño que ha sentido en estos días tan difíciles, de todos sus amigos aquí.

Todo esto me ha hecho pensar en cuál es la diferencia entre nosotros y sinceramente sólo encuentro la de los papeles. Los dos somos jóvenes, creyentes, decididos a ayudar a los demás en lo que podamos…

Y creo que todos podemos hacer más de lo que hacemos, en la medida de nuestra posibilidades, claro. Tenemos que involucrarnos e intentar acabar con estas injusticias que día a día nos rodean y antes las cuales, muchas veces, nos ponemos una venda en los ojos para no ver que están ahí.

Por eso, os invito a hacer uso de la humanidad y corazón que todos tenemos, a juntaros con gente que primera vista parece “pobre”, “menos que nosotros” o “con menos derechos”, porque hay personas maravillosas que nos pueden aportar mucho y ayudar a crecer no sólo humanamente si no también como cristianos


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